domingo, marzo 22, 2026

¿Fue utilizada Inteligencia Artificial en la escritura de esta marginalia?

 

Esa es la pregunta. Imposible no tener sospechas. Cada día en las redes, en los diferentes portales, se crea contenido. Con la proliferación de la Inteligencia Artificial (IA) sería absurdo considerar su uso nulo. Sobre todo, cuando la información compartida en los medios ha aumentado. No podemos engañarnos; de ahora en adelante, el uso de la IA será lo común, la base de las redacciones, por la simple ventaja de la comodidad. Son pocas las personas con el tiempo necesario para disfrutar de la escritura y que además posean la ética para entretejer ideas argumentadas.
ChatGPT genera los párrafos, la columna completa, en menos de un minuto, sin faltas de ortografía y sin teclear casi nada. Sólo basta realizar el prompt y el famoso copy/paste para cumplir con la cuota diaria de exigencia.
Quienes se dedican a la administración de contenidos desde luego prefieren no complicarse la vida. El empleo de la IA marca una nueva etapa.
Ahora bien, bajo las nuevas condiciones, surge otra pregunta: ¿Valdrá la pena leer escrituras creadas por la IA? ¿Quiénes leen los textos publicados?
Dentro del área académica, autores, como Slavoj Zizek, han mencionado que ya nadie lee los artículos, al menos nadie de la especie del homo sapiens. Estos artículos se suben a la herramienta y es ella quien hace la lectura y da un resumen a los investigadores con los puntos más relevantes. La falta de tiempo se impone una vez más como el criterio. No hay el suficiente para echarle un vistazo a todas esas líneas, se justifica.
Quizás en el corto plazo la lectura y la escritura queden relegadas a los autómatas, y sean ellos quienes den forma al conocimiento, pues a lo largo de la historia el conocimiento se ha preservado en la letra escrita.
El tema por supuesto no acaba aquí. De algún modo la IA es un retroceso civilizatorio. Dedicarnos a la escritura posibilitaba el entendimiento de un hecho relevante para una mediana comprensión del mundo. Al escribir, descubrimos, por la mera actividad, lo complicado que es estructurar la palabra para expresar nuestros mensajes. En el proceso de la redacción, y eso es lo frustrante, se advierte que los enunciados no concuerdan con nuestras intuiciones. Quienes invertimos la vida en el oficio sabemos cómo el lenguaje, a pesar de su riqueza, sigue siendo demasiado débil para contener la realidad. El empleo de la IA crea una barrera en las personas, la cual no les permite experimentar esto último. Olvidan la naturaleza limitada del lenguaje.
Ningún lenguaje es tan amplio como para explicar la realidad. Sucede así porque la realidad no está hecha sólo de palabras. Existen conocimientos no lingüísticos, irracionales, corporales, que no encuentran una traducción adecuada en la escritura. El autómata no está consciente de esto y por eso sus textos no sobrepasan el nivel informativo. Son incapaces de nombrar lo innombrable. Son textos sin consciencia. La consciencia es la capacidad de ver lo invisible. Alguien consciente sabe que la realidad se constituye incluso en mayor grado por lo no físico, y con esto no implico algo religioso, sino a las intenciones ulteriores de los actos, a las ideologías, a los procesos transhistóricos, por referir algunos. ChatGPT hasta el momento no logra dar cuenta de ellos, y no lo hará por su falta de corporalidad.
El cuerpo nos da un punto de vista, nos abre al mundo a su zona no lingüística, la cual es el origen de la gran mayoría de nuestro conocimiento. La experiencia del mundo apenas si puede ser trasladada a la escritura. Esto queda demostrado cuando alguien intenta esbozar su autobiografía. Muchas vivencias quedan fuera del libro, pues no hay manera de comunicarlas. Los autómatas como ChatGPT poseen acceso a todo lo escrito por los humanos, pero ese apenas es un fragmento del conocimiento existente. Con dicha base de datos generan textos los cuales en cierta circunstancia resultarán funcionales, pero que a la larga serán repetitivos. Un autómata como ChatGPT no es capaz de generar conocimiento original. Es excelente para hacer resúmenes, para informarnos de lo ya existente; sin embargo, impotente para la creación de nuevas intuiciones, por su falta de consciencia y corporalidad.
La continuidad de la escritura reside en ese punto. Una escritura repetitiva y monótona dejará de leerse. Sólo la escritura interesa en tanto es descubrimiento. Quizás el problema también se encuentra en el hecho de que los seres humanos cada día pensamos y actuamos más como autómatas. Nuestras escrituras dejaron de ser una búsqueda.  

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