Esa
es la pregunta. Imposible no tener sospechas. Cada día en las redes, en los
diferentes portales, se crea contenido. Con la proliferación de la Inteligencia
Artificial (IA) sería absurdo considerar su uso nulo. Sobre todo, cuando la
información compartida en los medios ha aumentado. No podemos engañarnos; de
ahora en adelante, el uso de la IA será lo común, la base de las redacciones,
por la simple ventaja de la comodidad. Son pocas las personas con el tiempo
necesario para disfrutar de la escritura y que además posean la ética para
entretejer ideas argumentadas.
ChatGPT genera los
párrafos, la columna completa, en menos de un minuto, sin faltas de ortografía
y sin teclear casi nada. Sólo basta realizar el prompt y el famoso copy/paste
para cumplir con la cuota diaria de exigencia.
Quienes se dedican
a la administración de contenidos desde luego prefieren no complicarse la vida.
El empleo de la IA marca una nueva etapa.
Ahora bien, bajo
las nuevas condiciones, surge otra pregunta: ¿Valdrá la pena leer escrituras
creadas por la IA? ¿Quiénes leen los textos publicados?
Dentro del área
académica, autores, como Slavoj Zizek, han mencionado que ya nadie lee los
artículos, al menos nadie de la especie del homo sapiens. Estos artículos se
suben a la herramienta y es ella quien hace la lectura y da un resumen a los
investigadores con los puntos más relevantes. La falta de tiempo se impone una
vez más como el criterio. No hay el suficiente para echarle un vistazo a todas
esas líneas, se justifica.
Quizás en el corto
plazo la lectura y la escritura queden relegadas a los autómatas, y sean ellos
quienes den forma al conocimiento, pues a lo largo de la historia el
conocimiento se ha preservado en la letra escrita.
El tema por
supuesto no acaba aquí. De algún modo la IA es un retroceso civilizatorio.
Dedicarnos a la escritura posibilitaba el entendimiento de un hecho relevante
para una mediana comprensión del mundo. Al escribir, descubrimos, por la mera
actividad, lo complicado que es estructurar la palabra para expresar nuestros
mensajes. En el proceso de la redacción, y eso es lo frustrante, se advierte
que los enunciados no concuerdan con nuestras intuiciones. Quienes invertimos
la vida en el oficio sabemos cómo el lenguaje, a pesar de su riqueza, sigue
siendo demasiado débil para contener la realidad. El empleo de la IA crea una
barrera en las personas, la cual no les permite experimentar esto último.
Olvidan la naturaleza limitada del lenguaje.
Ningún lenguaje es
tan amplio como para explicar la realidad. Sucede así porque la realidad no
está hecha sólo de palabras. Existen conocimientos no lingüísticos,
irracionales, corporales, que no encuentran una traducción adecuada en la
escritura. El autómata no está consciente de esto y por eso sus textos no
sobrepasan el nivel informativo. Son incapaces de nombrar lo innombrable. Son
textos sin consciencia. La consciencia es la capacidad de ver lo invisible.
Alguien consciente sabe que la realidad se constituye incluso en mayor grado
por lo no físico, y con esto no implico algo religioso, sino a las intenciones
ulteriores de los actos, a las ideologías, a los procesos transhistóricos, por
referir algunos. ChatGPT hasta el momento no logra dar cuenta de ellos, y no lo
hará por su falta de corporalidad.
El cuerpo nos da
un punto de vista, nos abre al mundo a su zona no lingüística, la cual es el
origen de la gran mayoría de nuestro conocimiento. La experiencia del mundo
apenas si puede ser trasladada a la escritura. Esto queda demostrado cuando
alguien intenta esbozar su autobiografía. Muchas vivencias quedan fuera del
libro, pues no hay manera de comunicarlas. Los autómatas como ChatGPT poseen
acceso a todo lo escrito por los humanos, pero ese apenas es un fragmento del
conocimiento existente. Con dicha base de datos generan textos los cuales en
cierta circunstancia resultarán funcionales, pero que a la larga serán
repetitivos. Un autómata como ChatGPT no es capaz de generar conocimiento
original. Es excelente para hacer resúmenes, para informarnos de lo ya
existente; sin embargo, impotente para la creación de nuevas intuiciones, por
su falta de consciencia y corporalidad.
La continuidad de
la escritura reside en ese punto. Una escritura repetitiva y monótona dejará de
leerse. Sólo la escritura interesa en tanto es descubrimiento. Quizás el
problema también se encuentra en el hecho de que los seres humanos cada día
pensamos y actuamos más como autómatas. Nuestras escrituras dejaron de ser una
búsqueda.
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