domingo, marzo 22, 2026

Rilke: el poeta que habla desde la oscuridad

En uno de sus poemas de juventud Rilke escribe:

 

Tú, oscuridad, de la que yo procedo,

te amo más que la llama

que da frontera al mundo,

porque brilla tan sólo

para adentro de un círculo,

tras el cual no hay un ser que sepa de ella.

 

Pero la oscuridad lo tiene todo:

rostros y llamas, animales, yo,

tal como lo arrebata:

personas y potencias…

 

Y puede ser así: una enorme fuerza

se mueve junto a mí.

 

Creo en las noches

 

 

Como todo buen existencialista, para Rilke la oscuridad de la noche se vuelve un símbolo para referirse a la Nada, la cual, según el mismo poeta, es la presencia más poderosa que constituye nuestra experiencia. Contrario a lo que se pensaba antaño y aún hoy en día, Rilke descubre y acepta que la vida está frente al vacío y no frente a la trascendencia. La vida no está frente a lo divino: no hay un dios, y ese es el origen de nuestra angustia, pues esa Nada es algo que no puede ser interpretado. Ya en otro de sus grandes poemas escribió: “y los sagaces animales ya notan que no estamos muy confiadamente en casa, en el mundo interpretado”. Ese mundo interpretado es fallido porque no puede referirse a lo oscuro, a la fuerza que siempre nos acompaña y que no es expresable, a pesar de ser una de las potencias que mejor nos define. Toda la poesía de Rilke es un intento por volcarse a ese otro lado de la existencia, la Nada. Las Elegías de Duino buscan entrar en esa especie de reverso de la realidad por medio de los ángeles, que serenos desdeñan destrozarnos. Son bellos y terribles porque no son asibles para nosotros, son presencias que observamos, pero que no nos dicen nada y no se compadecen de nuestro sufrimiento. Ese sufrimiento es tanto mayor porque carece de sentido. Rilke con su poesía al parecer nos advierte que es inútil esperar el alivio en el más allá. Rilke es el poeta que se adentra en la oscuridad y vuelve cual Lázaro para decirnos que allá donde se supone que está dios, en la oscuridad más tenebrosa, por su pesado silencio, en realidad no hay nadie. Y, sin embargo, su mensaje, porque es notable que para Rilke la poesía no es solamente un hecho estético, sino en todos los sentidos una revelación; a pesar de esto, su mensaje no es pesimista. Para Rilke el hecho de que estemos solos en la oscuridad de la noche cósmica es un hecho extraordinario.

Queda muy claro en un pequeño texto olvidado, que publicó en su único libro de cuentos: “Una historia contada a la oscuridad”. Ahí aparece una de las frases que sin duda clarifica su idea de lo divino. “Él será”. Para Rilke los seres humanos, sin importar nuestra impotencia, tenemos una misión aún mayor que la de los dioses de las tradiciones de todo el mundo. No es otra cosa que crear al mismo dios. El ser humano para Rilke es ese ser encargado de traer lo divino en un universo oscuro y vacío. Es una tarea que desde luego aún continúa pendiente.   

 

 

 

 

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