En uno de sus poemas de juventud Rilke escribe:
Tú, oscuridad, de
la que yo procedo,
te amo más que la
llama
que da frontera al
mundo,
porque brilla tan
sólo
para adentro de un
círculo,
tras el cual no hay
un ser que sepa de ella.
Pero la oscuridad
lo tiene todo:
rostros y llamas,
animales, yo,
tal como lo
arrebata:
personas y
potencias…
Y puede ser así:
una enorme fuerza
se mueve junto a
mí.
Creo en las noches
Como todo buen existencialista, para Rilke
la oscuridad de la noche se vuelve un símbolo para referirse a la Nada, la cual,
según el mismo poeta, es la presencia más poderosa que constituye nuestra
experiencia. Contrario a lo que se pensaba antaño y aún hoy en día, Rilke descubre
y acepta que la vida está frente al vacío y no frente a la trascendencia. La
vida no está frente a lo divino: no hay un dios, y ese es el origen de nuestra
angustia, pues esa Nada es algo que no puede ser interpretado. Ya en otro de
sus grandes poemas escribió: “y los sagaces animales ya notan que no estamos
muy confiadamente en casa, en el mundo interpretado”. Ese mundo interpretado es
fallido porque no puede referirse a lo oscuro, a la fuerza que siempre nos
acompaña y que no es expresable, a pesar de ser una de las potencias que mejor
nos define. Toda la poesía de Rilke es un intento por volcarse a ese otro lado
de la existencia, la Nada. Las Elegías de Duino buscan entrar en esa
especie de reverso de la realidad por medio de los ángeles, que serenos
desdeñan destrozarnos. Son bellos y terribles porque no son asibles para
nosotros, son presencias que observamos, pero que no nos dicen nada y no se
compadecen de nuestro sufrimiento. Ese sufrimiento es tanto mayor porque carece
de sentido. Rilke con su poesía al parecer nos advierte que es inútil esperar
el alivio en el más allá. Rilke es el poeta que se adentra en la oscuridad y vuelve
cual Lázaro para decirnos que allá donde se supone que está dios, en la
oscuridad más tenebrosa, por su pesado silencio, en realidad no hay nadie. Y,
sin embargo, su mensaje, porque es notable que para Rilke la poesía no es
solamente un hecho estético, sino en todos los sentidos una revelación; a pesar
de esto, su mensaje no es pesimista. Para Rilke el hecho de que estemos solos
en la oscuridad de la noche cósmica es un hecho extraordinario.
Queda muy claro en
un pequeño texto olvidado, que publicó en su único libro de cuentos: “Una
historia contada a la oscuridad”. Ahí aparece una de las frases que sin duda
clarifica su idea de lo divino. “Él será”. Para Rilke los seres humanos, sin
importar nuestra impotencia, tenemos una misión aún mayor que la de los dioses
de las tradiciones de todo el mundo. No es otra cosa que crear al mismo dios.
El ser humano para Rilke es ese ser encargado de traer lo divino en un universo
oscuro y vacío. Es una tarea que desde luego aún continúa pendiente.
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